Roser Bru Llop nació en Barcelona el 15 de febrero de 1923 y murió en Santiago el 26 de mayo de 2021. Es pintora y grabadora. Llegó a Chile siendo adolescente, a bordo del Winnipeg, y el sitio de su propia biografía la registra como nacionalizada chilena en 1959. En 2015 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas. Desde el 8 de marzo de 2024, una sala del ala sur del primer piso del Museo Nacional de Bellas Artes lleva su nombre, en el marco del centenario y del Día Internacional de la Mujer.
El primer traslado fue temprano. Al año siguiente de nacer, la familia se fue a París, en un exilio ligado a la prohibición de la lengua catalana bajo Alfonso XIII. Cuatro años después volvieron a Barcelona, donde vivieron hasta el fin de la Guerra Civil y el comienzo de la dictadura de Franco, en 1939. Salieron de nuevo: primero a Francia y luego a Chile, en el Winnipeg. El mismo año de la llegada, Bru entró a la Escuela de Bellas Artes de Santiago. Hizo estudios libres de acuarela, dibujo y pintura, y fue discípula de Pablo Burchard e Israel Roa.
En 1948 integró el Grupo de Estudiantes Plásticos, con José Balmes, Gracia Barrios, Guillermo Núñez y Gustavo Poblete, entre otros. En 1957 entró al Taller 99, creado por Nemesio Antúnez, y ahí se especializó en grabado. Entre 1964 y 1968 enseñó dibujo y pintura en la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica. A fines de los años ochenta volvió a esa escuela como profesora invitada del taller de pintura. Carmen Aldunate la tuvo entre sus profesoras en la Universidad de Chile: el cruce está en la ficha de Aldunate.
Memoria, materia y historia
Pintura, dibujo y grabado recorren toda la obra. El museo describe una constante: imágenes que cruzan la biografía personal con la historia social y con la historia del arte. Los temas que repite son la muerte, la pérdida, la memoria y el vínculo entre pasado y presente. Al inicio exploró lo matérico, con el informalismo de Antoni Tàpies, a quien conoció en 1958 en Barcelona. Después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, la obra tomó un corte más crítico y volvió una y otra vez sobre conflictos sociales y hechos históricos duros.
El reconocimiento fue largo y tardío en el premio mayor. En 1995 el rey Juan Carlos I de España la condecoró con la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica. En 1999 recibió un Premio Altazor de artes visuales, y en 2000 el Altazor de pintura por Homenaje a Goya. En 2004, la medalla al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda. En 2015, el Premio Nacional de Artes Plásticas y un reconocimiento entre 100 mujeres líderes. En 2018, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, en España. Su sitio biográfico destaca además exposiciones en Barcelona, entre ellas una en el Palau de la Virreina en 1986 y otra en el Palau Moja en 2006.
La ficha del museo insiste en que la trayectoria se jugó tanto en Chile como fuera. Esa doble pertenencia, catalana de nacimiento y chilena de nacionalidad y de premio, es el dato que ordena la lectura. Tratarla solo como visitante deja afuera el Taller 99, la cátedra en la Católica y el Premio Nacional. Tratarla solo como artista local deja afuera el Winnipeg y el diálogo con Tàpies.
Dónde situarla
Entre las pintoras chilenas del siglo XX, Bru ocupa el lugar de quien hizo de la memoria un método. En el conjunto de las mujeres artistas chilenas está al lado de Gracia Barrios, con quien compartió el Grupo de Estudiantes Plásticos, y de Matilde Pérez, que en los mismos años llevó la pintura hacia el movimiento. Las tres enseñaron. Las tres tienen obra en museos. Las tres llegaron a ser nombres de referencia para quien estudia la segunda mitad del siglo.
La pintura que sigue en regiones tiene otro pulso. En Concepción, Marcela Pedrosa trabaja óleo sobre tela e impresionismo figurativo. Las figuras al óleo de ese taller no son obra de Bru. Esa producción está en pinturas. El perfil de Bru queda en el siglo que va del Winnipeg al premio de 2015, y en la sala del museo que desde 2024 lleva su nombre.