Gracia Barrios Rivadeneira nació en Santiago el 27 de junio de 1927 y murió en la misma ciudad el 28 de mayo de 2020. Es hija del escritor Eduardo Barrios, Premio Nacional de Literatura. Desde muy temprano mostró interés por el arte: tomó clases con Carlos Isamitt y, mientras hacía la enseñanza secundaria, siguió cursos vespertinos en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Entre 1944 y 1949 continuó allí, alumna de Augusto Eguiluz, Carlos Pedraza y Pablo Burchard. El museo anota que ella misma reconoció la influencia de Burchard en su pintura.
En los años cuarenta formó parte del Grupo de Estudiantes Plásticos de la Universidad de Chile, con Roser Bru, José Balmes, Guillermo Núñez y Gustavo Poblete, entre otros. El grupo pedía actualizar la enseñanza y armó instancias propias para mostrar obra. A comienzos de la década de 1960, con su marido, el pintor José Balmes, y con Alberto Pérez y Eduardo Martínez Bonati, formó el Grupo Signo. Signo propuso en Chile una pintura abstracta, expresiva y gestual, cercana al informalismo europeo, y sostuvo que el arte tenía un rol político en la sociedad de su tiempo. Carmen Aldunate estudió después con Balmes y con Bru. Su obra tampoco se vende aquí.
Barrios participó en los cambios culturales de fines de los sesenta, en la reforma universitaria y en el marco de la Unidad Popular. Después del golpe de Estado de 1973 partió al exilio con Balmes y con la hija de ambos, la pintora Concepción Balmes, y se radicó en Francia. Volvió a Chile a mediados de los años ochenta. Esa secuencia, de la escuela al exilio y al regreso, ordena también los cambios de la tela.
De la figura al gesto, y de vuelta a la figura
El tema que el museo le atribuye de manera constante es la condición humana: los sueños y el sufrimiento de hombres y mujeres, y los problemas políticos y sociales de su entorno. Las primeras obras fueron dibujos y pinturas figurativas. En los sesenta, alineada con Signo, la pintura se acercó al informalismo y a la abstracción. Predominaron el gesto y la experimentación con la materia, en tonalidades oscuras de tierras.
A inicios de los setenta retomó un camino más figurativo, atado a la contingencia. De ese periodo son obras de gran formato con multitudes anónimas, el pueblo chileno y el latinoamericano, pintados de manera sintética. En el exilio las imágenes denunciaron la represión. De regreso, los lienzos siguieron con la figura humana e incorporaron signos gráficos hechos con carboncillo y pastel. Aunque experimentó con distintas técnicas, su medio predilecto fue la pintura, en general óleo y acrílico.
La obra se mostró en ciudades de Chile y en España, Francia, México, Argentina, Colombia, Japón y Estados Unidos. Los premios empiezan en los salones: mención honrosa en el LX Salón Oficial de 1948; primeros premios de dibujo y de dibujo y grabado en los salones de 1957 y 1958; primer premio de pintura del LXXVI Salón Oficial en 1966; primer premio CRAV de pintura en 1965. Fuera del país, segundo premio en la Bienal Americana de Quito en 1968 y segundo premio de pintura del Salón Esso de Artistas Jóvenes, en Washington, el mismo 1965. En 1996 recibió el Premio Municipal de Arte de Santiago. En 2000, el Premio Altazor en la categoría pintura. En 2011, el Premio Nacional de Artes Plásticas.
La clase y las colecciones
Enseñó en paralelo a pintar. Empezó como ayudante del taller de dibujo de Carlos Pedraza en la Universidad de Chile, luego integró el cuerpo docente y ocupó cargos institucionales hasta 1973. En 1986 entró como profesora visitante a la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica, cargo que tuvo hasta 1993. En los años noventa fue profesora de dibujo en la Universidad Finis Terrae. La docencia larga explica parte de su peso en la escena: no solo expuso, también formó.
Hay obra en el Museo de Arte Contemporáneo, el Museo de Arte Moderno de Chiloé, la Cámara del Senado, la Asociación Chilena de Seguridad, la colección IBM y el Museo a Cielo Abierto de Valparaíso, entre otros lugares. Hizo murales para el Hospital del Trabajador, con premios de realización en 1988 y 1994. El formato mural y el formato de lienzo grande conviven en la misma preocupación por la figura colectiva.
Barrios es una de las pintoras chilenas que el siglo XX dejó con premio nacional y con una obra legible en etapas. En el mapa de las mujeres artistas chilenas está al lado de Bru y de Matilde Pérez, cada una con un problema distinto: la memoria, el movimiento, el gesto. La pintura de Marcela Pedrosa, en Concepción, usa el óleo sobre tela para fachadas y bosques, con impresionismo figurativo. Esas pinturas se pueden ver aparte, como trabajo de taller del Biobío, después de esta historia. No son obra de Barrios.