Aurora Mira Mena nació en Santiago en 1863 y murió en la misma ciudad en diciembre de 1939. Es la hermana menor de Magdalena Mira. Las dos se formaron en dibujo y pintura en una casa donde el padre, Gregorio Mira Iñiguez (1825-1905), pintaba como aficionado y había tomado clases con Raymond Monvoisin. Fueron alumnas de Juan Mochi, el tercer director de la Academia de Pintura. El museo las considera, con Celia Castro, parte de las mujeres que la prensa de la época ya destacaba en los certámenes oficiales.
Aurora hizo retratos al óleo que el catálogo llama destacados, y aun así la recuerda sobre todo por flores, frutas, bodegones y paisajes. En esas telas predomina una representación naturalista y una paleta amplia e intensa. Antonio Romera la puso, junto a su hermana, en la generación del medio siglo: artistas nacidos alrededor de 1850, trabajados por el naturalismo y por el arte francés de su tiempo. El rótulo ayuda a leer el bodegón como género de escuela, no como asunto menor.
Los premios están fechados. En 1884 recibió medalla de plata en el Salón Oficial. En 1886, medalla de primera clase. En 1889, premio de costumbres ex aequo en el Certamen Arturo M. Edwards. En 1895, premio de honor del mismo certamen. En 1897, primera medalla del Salón Oficial. El catálogo anota participaciones en 1884, 1885, 1886, 1889, 1895 y 1897. Es una carrera de salón concentrada en poco más de una década, con un regreso puntual a fines de siglo.
Una trayectoria que se retiró del salón
El museo es directo sobre lo que vino después: al casarse, Aurora se dedicó a la vida familiar y siguió pintando solo para su círculo íntimo. La frase importa porque explica el silencio público sin convertirlo en olvido de la obra. Las telas de flores y frutas circularon igual en colecciones. Hay piezas en el Museo Nacional de Bellas Artes, en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción y en la pinacoteca del Banco de Chile.
Las colectivas posteriores la devolvieron a la sala. En 1953 hubo una retrospectiva de las hermanas Mira en la casa familiar del Llano Subercaseaux. En 1972, el Instituto Cultural de Las Condes mostró Las flores y las frutas en la pintura chilena. En 1976 dedicó una exposición a Magdalena y Aurora Mira. En 1990, La mujer en la pintura chilena pasó por la Pinacoteca de la Universidad de Concepción. En 1993, La fruta en el arte volvió sobre el género que la identifica. En 2007, Casas de Lo Matta reunió otra retrospectiva de las dos hermanas. En 2011, el Museo Nacional de Bellas Artes la incluyó en una mirada de su colección de centenario.
Aurora y Magdalena son, en palabras del catálogo, de las primeras mujeres de la alta sociedad chilena en dedicarse a las bellas artes y en ser premiadas por la calidad de las obras. El matiz social es del propio museo: no todas las pioneras venían del mismo lugar. Castro hizo una carrera profesional larga, con pensión estatal y taller en Valparaíso. Aurora tuvo una presencia pública más breve y un regreso al círculo íntimo. Leerlas juntas, sin fundirlas, es más fiel al registro.
Del bodegón al óleo de ahora
El bodegón y la flor enseñan algo que la pintura chilena no ha soltado: el óleo sobre tela como lugar donde se mira de cerca un motivo reconocible. Aurora lo hizo con frutas y paisajes de paleta intensa. El Bodegón de calabazas es de Marcela Pedrosa, no de Aurora, y está en bodegón al óleo. Un siglo y medio después, en Concepción, Marcela Pedrosa trabaja el mismo soporte con impresionismo figurativo: fachadas, bosques y la luz del sur, desde un taller del Biobío, con más de veinte años de práctica. Las obras están en pinturas.
Para situar a Aurora en la línea completa conviene pasar por las pintoras chilenas y por las mujeres artistas chilenas. De su hermana Magdalena se conserva, además, el dato de la escultura. De Aurora queda el género floral y el premio de honor de 1895, suficiente para nombrarla entre las pintoras del siglo XIX que sí tienen ficha, fecha y medalla.